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Como decía, no me lo podía creer cuando me he dado cuenta de que la joven que estaba tocando la guitarra era la misma con la que había tenido el incidente por la mañana.

A mí que aún me duraba la resaca de la noche anterior, fui al bar del hotel a por un café para intentar despejarme, lo cogí y pagué. Y como iba distraído, no la vi venir, y me choqué con ella, tirándole el café por encima. 

Ella se enfadó y echó una bronca que funcionó mejor que el café para despejarme.

Me reí al recordar el momento y reconocerla en ese escenario. 

Seguía mirándola, no podía apartar mi mirada de ella. Me sorprendía tanto que esa joven tuviera esa voz tan envolvente...

Reconozco que en parte también me picaba la curiosidad de si también ella me reconocería. Mis dudas pronto se resolvieron, porque en el instante en que su mirada se cruzó con la mía noté cómo se calló de repente. Arqueó las cejas como queriendo preguntar qué hacía yo ahí. Entonces no pude más que echar una carcajada. Supo que era el chico que le había tirado el café por la mañana. Se dio cuenta de que se había callado y siguió cantando, haciendo como si no me hubiera visto.

Yo, que me quería largar de ahí, apenas cinco minutos antes, ahora mismo deseaba seguir sentado frente a ella escuchándola durante horas...

Sin darme cuenta, habían pasado ya dos horas. Dos horas en las que me había olvidado del mundo, la razón por la que entré en aquel bar, aunque no fuera esa la manera en la que esperaba.

Vi como la joven se despedía con una última canción. Recogió su guitarra y salió del bar sin siquiera darme tiempo a saludarla. Salí corriendo detrás de ella, ya que sin saberlo, había despertado gran interés en mí. Quería saber tantas cosas de ella. Quizá la música, a la que había dejado de lado, me estaba mandando señales de que ella era ese tipo de voces que el mundo debe escuchar. Pero antes de ello, necesitaba saber algo más sobre ella.

Salí del bar, giré la cabeza a un lado y no la vi, giré al otro y pude ver cómo se alejaba con prisas, sin mirar atrás. 

Era una calle con apenas tres farolas que, no alumbraban apenas. Tuve que correr unos pocos metros para que no se me escapara. Conseguí alcanzarla y saludarla. Ella ni se inmutó y siguió su camino. En serio, la cría esta me iba a hacer insistirle o rogarle. Ni de broma. Quién se creía que era. Pensé para mis adentros. Ella pareció leer mis pensamientos y sonrío. Ay... por qué sonreiría.. Porque sonrió y se iluminó toda la calle. 

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