Más de las ocho de la noche en este lugar y no hay nada abierto. ¿Pero dónde demonios estoy? Me pregunto a mí mismo. Sigo caminando calle abajo, a ver si encuentro algo. Necesito olvidar. Al final de la calle, veo un pequeño bar, donde está el camarero y un par de clientes más. Quizá no es lo que esperaba, pero necesito un trago para olvidarme del mundo un rato más. Me bajo el gorro hasta conseguir que me tape todo lo posible, me ajusto las gafas de sol, quizá de esta manera nadie me reconozca. Decido entrar. Me siento en un taburete frente a la barra y le pido al mozo una copa. Miro alrededor, aunque no haya mucha luz, puedo ver las cuatro mesas que hay, la gente que está ahí, que poco tiene que ver conmigo, y aún así parecen igual de aburridos de esta vida. Doy un trago y veo que todo parece destartalado, desordenado o incluso algo sucio. Qué ironía, parece que estuviéramos hablando de mi vida. En mi cabeza vuelven a a parecer los pensamientos que me han estado persiguiendo el último año: ¿debería aguantar un poco más o dejarlo todo y abandonar?
A veces creo que sería más fácil si... Unos acordes de guitarra interrumpen mis pensamientos. ¿Pero, quién narices osa molestarme? Aunque... esa melodía suena bien, pero no es lo que necesito. Quiero olvidarme de todo y, probablemente beber hasta que no pueda más. Pero esa música no me va a dejar. Me suena, me gusta... Pero no, tengo otros planes y la música ya no tiene en ese efecto en mí... ya no...
Decido pagar y largarme de ahí.
Cuando estoy cruzando la puerta para salir, oigo a alguien cantar, tiene una voz especial, embriagadora...
Es una voz tan personal, consigue atraparte y querer seguir escuchando más. Me paro, giro la cabeza y veo una joven, guitarra en mano, y cantando esa canción que tantos años atrás había cantado yo. Pero ella lo hace de una manera especial, sabe darle ese toque tan personal que consigue que se me erice la piel. Hace tanto tiempo que que la música no me causa ese efecto que me quedo paralizado. Y sin saber cómo vuelvo a dirigir mis pasos hacia el pequeño escenario donde está la joven cantando. De repente, cuanto más me acerco, más me suena la joven. Es la misma con la que he tenido el incidente esta mañana en el hotel.

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