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Mostrando entradas de septiembre, 2024
A veces queremos correr, sin saber andar.  Cuando leemos un libro, queremos saber el final, y corremos a buscar la última página para saberlo. Al igual que pasa con una película o una serie. Cuando somos pequeños soñamos con ser mayores  y sin embargo, cuando llegamos a ser mayores, deseamos volver a nuestra niñez, d onde las cosas iban mejor. Nos olvidamos de que las cosas necesitan su tiempo, de que todo tiene que pasar. Nos olvidamos de que a veces nos tenemos que equivocar; unas veces para ganar y otras para aprender. Nos olvidamos   pero nos perdemos lo que ha pasado entre medias, y por ello no alcanzamos a averiguar que ha pasado. 

A tu lado

  Y me ofreces tu mano y me invitas a que me suba contigo en tu moto. Ante mi gesto dubitativo me dices: - No te preocupes, no va a pasar nada. Voy a estar aquí, a tu lado. Y te miro, y veo en ti esa confianza que me das cada día. Entonces, acepto tu invitación y subo a tu moto. Me pongo detrás de ti y enseguida me agarro a tu cintura con fuerza. Giras la cabeza, me ves y sonríes diciendo: - No es necesario que me rompas las costillas. Luego, en un tono serio, repites: - No va a pasar nada. Estoy aquí, justo a tu lado. Te oigo decir eso y en ese tono que, me da la seguridad que necesito. Dejo de apretarte, pero sigo abrazada a ti porque es algo que me encanta. Arrancas y al oír el motor me asusto, y cierro los ojos y vuelvo a agarrarte fuerte. Sonríes, y me doy cuenta de que lo estoy volviendo a hacer. Entonces, dejo de apretarte, pero sigo rodeando tu cintura con mis manos, aunque de forma más suave. Y sin darme cuenta, abro los ojos y descubro que estoy abrazada a ti y r...
  Miró el teléfono una vez más, pensando que quizá le habría escrito, pero par su sorpresa no había ningún mensaje. Aún no habían pasado ni diez minutos, cuando volvió a comprobar el teléfono.  Hacía semanas que Rafa se había ido. Pero esperaba su llamada, como lo hacía siempre. Pero los dos últimos días no sabía nada de él, ni le llamaba ni contestaba a sus mensajes. Quizá se habría  Cuando llegó a las escaleras, vio que estaba sentado en ellas un muchacho con un ramo de flores. Se alegró en cuanto descubrió que era Rafa. Se lanzó sobre él, y le abrazó fuerte. 

Noches de pasión

Ella giró la manivela de la puerta para abrirla, y cuando esta se abrió, se sorprendió al verle que estaba de pie enfrente de ella, a punto de llamar al timbre. En cuanto sus miradas se cruzaron, ninguno de los dos pudo evitar lanzarse a los brazos del otro. Comenzaron a besarse y a desatar la pasión que tanto tiempo habían tratado de ocultar.
  Más de las ocho de la noche  en este lugar y no hay nada abierto. ¿Pero dónde demonios estoy? Me pregunto a mí mismo. Sigo caminando calle abajo, a ver si encuentro algo. Necesito olvidar. Al final de la calle, veo un pequeño bar, donde está el camarero y un par de clientes más. Quizá no es lo que esperaba, pero necesito un trago para olvidarme del mundo un rato más. Me bajo el gorro hasta conseguir que me tape todo lo posible, me ajusto las gafas de sol, quizá de esta manera nadie me reconozca. Decido entrar. Me siento en un taburete frente a la barra y le pido al mozo una copa. Miro alrededor, aunque no haya mucha luz, puedo ver las cuatro mesas que hay, la gente que está ahí, que poco tiene que ver conmigo, y aún así parecen igual de aburridos de esta vida. Doy un trago y veo que todo parece destartalado, desordenado o incluso algo sucio. Qué ironía, parece que estuviéramos hablando de mi vida. En mi cabeza vuelven a a parecer los pensamientos que me han estado persiguien...
Como decía, no me lo podía creer cuando me he dado cuenta de que la joven que estaba tocando la guitarra era la misma con la que había tenido el incidente por la mañana. A mí que aún me duraba la resaca de la noche anterior, fui al bar del hotel a por un café para intentar despejarme, lo cogí y pagué. Y como iba distraído, no la vi venir, y me choqué con ella, tirándole el café por encima.  Ella se enfadó y echó una bronca que funcionó mejor que el café para despejarme. Me reí al recordar el momento y reconocerla en ese escenario.  Seguía mirándola, no podía apartar mi mirada de ella. Me sorprendía tanto que esa joven tuviera esa voz tan envolvente... Reconozco que en parte también me picaba la curiosidad de si también ella me reconocería. Mis dudas pronto se resolvieron, porque en el instante en que su mirada se cruzó con la mía noté cómo se calló de repente. Arqueó las cejas como queriendo preguntar qué hacía yo ahí. Entonces no pude más que echar una carcajada. Supo que era...

Recuerdos

  - Hola - saludó alguien sacándole de sus pensamientos. Aunque esa voz, le resultaba familiar, muy familiar... Cuando levantó la vista entendió por qué. Era Matt. Había pasado tiempo, pero quizá no el suficiente para afirmar de que ya le había olvidado.  Ella, cogió aire e intentó dibujar una pequeña sonrisa en su cara al mismo tiempo que le devolvía el saludo. Solo intercambiaron unas pocas palabras, hasta que él le informó de que había vuelto a la ciudad y que le encantaría tomarse un café para ponerse al día. Sin saber cómo se vio sorprendida aceptando la invitación.  En cuanto llegó a casa, entró en la habitación y cerró la puerta tras ella. Se apoyó en ella, echando la cabeza para atrás y dejó que brotara la oleada de recuerdos que le empezaron a surgir tras cruzarse con el  hola  de Matt.  Recordó cómo se conocieron, ese momento que sabe que nunca podrá olvidar por mucho tiempo que pase, ese flechazo que tuvo con él. Recordó cómo comenzó todo y sonri...

Las luces de la ciudad

Ahí estaba ella, subida en un avión, dispuesta a recorrer los miles de kilómetros que la separaban de una de sus ciudades favoritas en el mundo.  Estaba nerviosa y emocionada al mismo tiempo. Tenía tantas ganas de volver... ¿Cómo estaría todo?  De siempre le había encantado viajar, y sobre todo los aviones. Su parte favorita era aterrizar de noche en su lugar de destino, porque le encantaba la idea de ver desde las nubes las luces de la ciudad, y ver las casas que, desde la distancia parecen pequeñas, y se van agrandando cuando el avión se acerca. Pero le emocionaban las luces, ver cómo iluminaban la ciudad y la oscuridad, al igual que iluminaban su esperanza...