Y me
ofreces tu mano y me invitas a que me suba contigo en tu moto. Ante mi gesto
dubitativo me dices:
- No te preocupes, no va a pasar nada. Voy a estar aquí, a tu lado.
Y te miro, y veo en ti esa confianza que me das cada día. Entonces, acepto tu
invitación y subo a tu moto. Me pongo detrás de ti y enseguida me agarro a tu
cintura con fuerza.
Giras la cabeza, me ves y sonríes diciendo:
- No es necesario que me rompas las costillas.
Luego, en un tono serio, repites:
- No va a pasar nada. Estoy aquí, justo a tu lado.
Te oigo decir eso y en ese tono que, me da la seguridad que necesito. Dejo de
apretarte, pero sigo abrazada a ti porque es algo que me encanta.
Arrancas y al oír el motor me asusto, y cierro los ojos y vuelvo a agarrarte
fuerte. Sonríes, y me doy cuenta de que lo estoy volviendo a hacer. Entonces,
dejo de apretarte, pero sigo rodeando tu cintura con mis manos, aunque de forma
más suave.
Y sin darme cuenta, abro los ojos y descubro que estoy abrazada a ti y
recorriendo la carretera en tu moto. No me asusta, sabes por qué, porque estas
a aquí conmigo, a mi lado.
Y descubro que empieza a gustarme esta sensación, la de estar en tu moto, con mi
cara apoyada sobre tu espalda, y sintiendo el aire en mi cara.
Te abrazo, pero esta vez no por miedo, sino por alegría. Sonrío. Sabes por qué,
porque estás aquí conmigo, a mi lado.
Comentarios
Publicar un comentario