Ahí estaba ella, subida en un avión, dispuesta a recorrer los miles de kilómetros que la separaban de una de sus ciudades favoritas en el mundo.
Estaba nerviosa y emocionada al mismo tiempo. Tenía tantas ganas de volver... ¿Cómo estaría todo?
De siempre le había encantado viajar, y sobre todo los aviones.
Su parte favorita era aterrizar de noche en su lugar de destino, porque le encantaba la idea de ver desde las nubes las luces de la ciudad, y ver las casas que, desde la distancia parecen pequeñas, y se van agrandando cuando el avión se acerca. Pero le emocionaban las luces, ver cómo iluminaban la ciudad y la oscuridad, al igual que iluminaban su esperanza...
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